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¿qué buscan los narradores y poetas con y en su oficio?
Por: Nicolás Hidrogo Navarro
Las motivaciones del escribir son tan variadas como la temática, el estilo y la personalidad de los creadores. Cada uno tiene su pretexto, su razón de ser, la justificación perfecta, tanto coyuntural como existencial, emocional como argumental. El acto de escribir el es el resultado de no poder contener ese vómito o aquel hálito de frescura que nos aprisiona el alma y obliga al creador a expulsarlo como un demonio rebelde o como un ángel cándido. Para uno es un acto de catarsis, para otros un estilo u necesidad de vida, para otros es el resultado de una crisis emocional o una constante de malas rachas en la existencia. Sin embargo, en los inicios de un creador están la inminente necesidad de ser tomado en cuenta, llamara la atención, recibir afectos, ganar amigos y admiradores y -en algunos casos como García Márquez o Pablo Neruda- conquistar un amor, escribiendo cartas públicas y colectivas y en ellas encriptar mensajes secretos.
El prestigio o la fama de un escritor están en su constancia, en su fe de ir mejorando su trabajo creativo, en ponerle el alma a cada parición literaria, en ir ascendiendo por esa babel lingüística y darle esa misteriosa combinación a sus sintagmas. Y en tiempos modernos, en plena revolución de las comunicaciones es necesario no sólo ser poeta o narrador, sino marketearlo, parecerlo. Hay poetas o narradores que más son producto mediático de los más media: son poetas por la publicidad, su manía figuretista, su plata que les permite autopublicarse o su afán en argollarse con sus amigos prologuistas o articulistas, esos poeta son producto de la moda, pasajeros. Lo que sostiene sempiternamente a un poeta es su escritura, su devoción estética, la calidez, claridad de su lenguaje y su mensaje, la correlación que existe entre su texto y el contexto de su época.
Cada narrador o poeta busca perennizarse a través de su escritura y así como su pretexto para escribir es múltiple, su objetivo también los es. Hay escritores que escriben para cambiar el mundo a través de la concientización y sensibilización de su obra; hay otros que buscan en la denuncia y protesta reivindicar a los de su clase; hay de los que quieren crear cuadros humanos deplorable para no imitarlos y de aquellos que construyen con palabras un mundo ideal; hay de los que buscan a partir de su experiencia trasladarse complizmente a sus lectores y hay otro que buscan sólo hacer de sus palabras fuegos artificiales que iluminen el cielo anocturnado de sus sensibilidad y sea un acto de catarsis, que no cambien nada, sólo que sea un solaz, un gustito al oído, una fiesta a la absurdez e incomprensión. Al fin y al cabo todo aquel que escribe tiene alguna razón secreta o profunda, tanto en la inspiración como en la pretensión, esos son algunos misterios del acto creador.
Escribir sea quizá una aproximación al acto suicida: escribir tanto para dejarlo todo a la lectura de los demás. Escribir es un acto de compensación de transmitir en silencio lo que no puede hacerlo públicamente de manera locuaz y estentórea. Escribir literariamente no es igual a transcribir en tu cuaderno una dictado de clases, o tomar apuntes para ir al mercado o compendiar libros para ir a dictar una clases, escribir es un acto sublimemente doloroso con una carcajada silenciosa de fondo en que le hurtas a tu alma, a tu mente, un trozo de tu vida para inmortalizarlo graníticamente entre dos cerros obtusos: el lenguaje de la literatura.
Lambayeque, mayo 13 de 2006
Coordinador General Conglomerado Cultural –Lambayeque-Perú
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